Antonio Jesús Pérez Fernández. Militante del foro por la memoria de Granada.
10 de octubre de 2007
“Mala Memoria” es un término que se aplica siempre a alguien que con frecuencia olvida las cosas, en algunos casos es signo de senilidad, en otros simplemente es signo de ser olvidadizo o despistado, en otros casos se mezcla con los otros dos términos, para definir el mal hacer de las personas como es,
Parece que alguno de estos términos viene como anillo al dedo a Cándido Méndez, secretario general del sindicato UGT (Unión General de Trabajadores, para los amigos), ya que sus declaraciones que hace en defensa de la monarquía como institución, debido a los ataques que le vienen por un lado y por otro del arco político, hacen que me ponga a reflexionar si el problema de Cándido Méndez se deriva de la mala memoria, de la mala leche o de la “mala follá”.
Debe ser mala memoria, porque UGT fue uno de los dos sindicatos mayoritarios durante la república, por la cual miles de sindicalistas de UGT dieron su vida, para que ahora este desmemoriado se ponga a defender a la monarquía. O quizás quiera emular a sus compañeros que defendieron la legalidad del golpe de Primo de Rivera. Entonces ya no sería mala memoria, sino “mala leche”.
Lo de “mala follá” viene a cuento de lo siguiente: hace setenta años, un 14 de febrero, día de los enamorados, asesinaron las fuerzas que defendieron la monarquía que nos impuso Franco frente a la legalidad republicana a once compañeros de UGT, en un pueblo de Málaga, llamado Villanueva del Rosario; estos once compañeros fueron encarcelados por las fuerzas fascistas una semana antes y sacados de madrugada a escondidas de los vecinos, fueron fusilados en el puente del río Guadalhorce, también llamado puente de Villanueva del Trabuco, ya que se encuentra cerca de esta localidad colindante con la anteriormente mencionada, y allí fueron vilmente asesinados por los defensores del fascismo. Y cuando digo vilmente, me refiero a la vileza con la que fueron tratados los asesinados, ya que fueron enterrados como perros, aprisionados en un espacio en el que quizás cabían seis cuerpos, y enterrados con piedras. Para que ahora venga este individuo y les escupa a la cara.
Quizás se junten las tres cosas, ya que, claro, ahora que recuerdo, el señor Cándido Méndez no estuvo allí, como algunos compañeros que sí estuvimos, “pasando las de Caín”, achicharrándonos a pleno sol para sacar a estos compañeros, aguantando como tuvimos que aguantar un aguacero, que por poco nos hace perder todo el trabajo de una semana, homenajeando la memoria de once compañeros de
Ahora entiendo porqué uno de ellos se veía gritando, no, no gritaba de dolor, si no de rabia por haber sido traicionado por los compañeros que defienden desde su sindicato la monarquía que Franco nos impuso.




